Origen e historia del Leonberger

Por José María Iturralde Pérez de Arenaza.

(Du Paradis de Wotan)
Publicado en "El mundo del perro" (Mayo de 1999)

 

La raza Leonberger toma su nombre de la ciudad alemana de Leonberg, situada en la región de Wuntemberg, a escasos 15 kilómetros de Stuttgart.
Desde tiempos inmemoriales tienen lugar en esta bellísima y medieval ciudad un tradicional e importante mercado del caballo, y asiduamente en esa época se veían ejemplares de esta raza presentados para su posterior venta.
Igual que en otras muchísimas razas, el origen exacto del Leonberger permanece en el más oscuros de los mundos.
No se puede precisar exactamente la época en que el Leonberger fue sumiso a la voluntad del hombre, pero de todas maneras la domesticación se remonta a tiempos muy lejanos. Cierto es que no se puede hablar de la raza Leonberger sin hablar del Dogo del Tibet.
Marco Polo ya habla en sus escritos de viajes, a su regreso del Tibet (1729), de este gran Dogo del Tibet en su visita a la corte del Gran Mongol, manifestando que eran grandes como asnos y que perfectamente podrían
haber sido acariciados por el veneciano. Este gran moloso de montaña existía, y existe todavía, en numerosas localidades de la cordillera del Himalaya, según la mayoría de los grandes expertos, le sitúan como ancestro de los molosos actuales.
En el diario de viaje del padre Huc al desierto de Gobi (1844), y más recientemente M. Segogne (1937), se describen a los descendientes actuales del Dogo del Tibet coincidiendo sus características con el Leonberger actual. Por tanto el origen bien podría ser el Dogo o el Mastín del Tibet con aportaciones del San Bernardo y del Terranova u otras razas de montaña. Este molosoide de montaña alemán tiene sus equiparaciones en casi todo el mundo. Véase el Montaña del Pirineo (Francia), el Mastín del Pirineo (España), el San Bernardo (Suiza), el Maremmano (Italia), el Komondor (Hungría), el Terranova (Canadá), el Charplaninatz (Yugoslavia), el Tchouvacg (Checoslovaquia), etc. En resumen, es muy razonable suponer que con las invasiones del Este a Europa, con la aportación de sus grandes perros de Mongolia y su cruce posterior con razas autóctonas se llegaran a fijar en todo el continente europeo. Hay escritos ya en el año 1625 en las que se encuentran ejemplares en Austria, en el entorno de los príncipes de Metternich, cuyas construcciones son prácticamente iguales a la morfología actual del Leonberger. En 1771 existe constancia escrita de la venta de un perro Leonberger.
Posteriormente serán favoritos de las cortes imperiales de Austria y su buen nombre se extenderá por toda Europa. La reina María Antonieta (de origen austriaco) poseía un Leonberger que medía más de un metro.
Sin embargo Werner Jocker en 1961 presentó en el Instituto de Cría e Investigación Genética y Psicología de la Universidad de Munich una tesis bajo la dirección del profesor H. Bauer, en cuyo trabajo, a parte de las consideraciones generales sobre la domesticación del Leonberger, desarrolla un estudio sobre la historia de la raza, del que se puede extraer lo siguiente: " En Leonberg, Heinrich Essig (1808-1889), gran amante de los animales, consejero municipal de su ciudad, gozaba de una buena reputación en Alemania y en ocasiones de criadores de otros países. Su criadero llegó a ser muy famoso."
Essig habría comprado una perra de raza Terranova de tipo Landseer y la cruzó con un ejemplar macho de raza San Bernardo de pelo largo. Los descendientes fueron reproduciéndose en estricta consanguinidad, pero Essig buscaba especialmente el color blanco, por lo que esta descendencia obtenida la cruzó con un gran macho de la raza Montaña de los Pirineos que casualmente poseía, y de esta manera el primer ejemplar "verdaderamente" Leonberger, según Essig, nacía en el año 1846. Según Kraus, el primer nombre utilizado para sus ejemplares era "Leonbardiner", y no Leonberger. Genéticamente parece imposible obtener el manto leonado, máscara negra a partir de un Landseer (negro y blanco ), de un San Bernardo pelo largo y un Montaña de los Pirineos.
Con una rapidez extraordinaria y un agudo sentido comercial, Essig durante largos años inunda Europa y el resto del mundo de ejemplares denominados Leonberger. Desde el zar Nicolás, al emperador Napoleón III y hasta países como Austria, América, Japón y un largo etc.
Los Leonberger comienzan a presentarse en exposiciones como Hambourg, donde obtienen los primeros premios individuales y en grupo. Hombres de ciencia como los doctores Haring y Jacer ensalzan la imagen de su excelente figura.
Hoy por hoy todavía se encuentran litografías antiguas ejecutadas a partir de los lienzos de los pintores animalistas de la época: Specht, Lautemann y Beckman, donde podemos comtemplarlos.

Según diversos eruditos, Essig quería combinar las cualidades de varias razas de montaña hasta llegar a encontrar su perro "ideal". Parece ser que su objetivo era solamente la venta de sus ejemplares a precios asombrosos para la época, promocionándolos hábilmente, situando ejemplares en casas de personajes de la alta sociedad y en países donde no había ninguna información de la utilización de razas de montaña, no pudiendo de esa manera verificar la autenticidad de la raza. Esto se venía a unir a que Essig no entregaba ni estándar, ni pedigree, ni ninguna documentación, cosa realmente extraña, pues la entrega de documentaciones ya se practicaba en la segunda mitad del siglo XIX para la mayoría de las razas.
Después de la muerte del consejero municipal Essig la gloria del Leonberger disminuiría vertiginosamente, no por defectos de la raza, sino por razones de cambio de moda. 
Un articulo de un periódico austriaco del 25 de Marzo de 1870 daba fe de la alta consideración que la emperatriz de Austria Elisabeth (1837-1898) tenía de la raza Leonberger: "su majestad la emperatriz, desde su regreso de Roma, posee un magnífico perro Leonberger".
Hay que reseñar que, según relato de la época, este Leonberger tenía un manto blanco deslumbrador, salvo las orejas morenas o castaño oscuro. Por lo tanto el color no había sido fijado aún en dichos años de 1846 a 1870.
Como conclusión, para no extendernos mucho, la tesis que más se aproxima a la realidad, o mejor dicho, la más admitida, situaría el origen del Leonberger con el Dogo del Tibet y con posteriores aportaciones del Terranova y del San Bernardo.

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